30/5/11

Cara o cruz

La idea me aterraba pero al mismo tiempo seducía. Buscaba coartadas entre las góndolas atestadas de libros y films de espanto. Sin embargo, una extraña sensación de recelo continuaba invadiendo mi serenidad.

La ejecución de la estrategia impoluta, la exquisitez de cada paso hacia lo inevitable en mí y el deber de la moral se conjugaban en mi mente a cada paso. Tras pensarlo concienzudamente, le dejé al destino resolver en mí y eche mi suerte a rodar.

Seguidamente, camuflé bajo mi bata un filoso estilete y me dirigí al baño. Abrí la ducha, supuse que el ruido desorientaría a los demás en la casa, y me dispuse a resolver mi vida, o mi muerte, en compañía de la soledad.

Cara sería desistir de aquel propósito suicida. Cruz, precisamente eso, crucifixión. Sin dudarlo un instante más lancé la moneda. La gravedad parecía zigzaguear entre los vestigios de mi paciencia.

Finalmente, aquella insignificante pieza metálica en forma de disco, a la cual había decidido declarar inquisidora de mi suerte, estaba a milímetros de mi mano. Cuando de repente sucedió lo jamás pensado, lo vilmente absurdo.

La excitación del momento, sumada al abundante vapor, me hicieron trastabillar en aquel resbaloso y cómplice escenario. Golpeé mi cabeza enérgicamente contra el borde del lavamanos y me desplomé instantáneamente inconsciente.

Al despertar, busqué desesperadamente la moneda. La misma, había quedado atascada, verticalmente, en las finas rendijas del desagüe.


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